9 respuestas sin preguntas alrededor de por qué (no) va público al teatro

1.- Mal que bien, todo lo que hagamos nos lleva, de la manito, a tocar la puerta del marketing como única solución.

2.- Si escuchas bien la pregunta, hay una dimensión que observar. Fíjate, casi tres décadas de economía liberal han devenido en bases racionales donde libertad y democracia privilegian lo “privado” frente a lo “público”. Las clínicas y universidades, como imágenes de este ejercicio.

3.-  Tiene su dosis de ternura eso del fútbol. Pero no todos los estadios están llenos los fines de semana. Sí, la selección nacional rumbo al mundial siempre llena. Pero claro, uno NO va a ver fútbol, va a ver a su equipo ganar que no es lo mismo que ir a ver el deporte suceder. ¿Y a qué se va al teatro? A vernos perder, seguramente. Perder hoy como ayer.

4.- Me lo han dicho, sí. Pero dudo. Ir al teatro y no saber qué vamos a ver es un goce producido por la desorganización de los mandamientos marketeros. Es difícil desear el desorden si has atravesado Javier Prado en hora punta. Pero bueno, el marketing también es víctima de su tiempo.

5.-  Podríamos también preguntarnos cuánta gente “debería” ver nuestras obras o cuánta gente soporta nuestra propuesta. No creo que todas deban ser vistas masivamente. Un buen título para esta entrevista que no existe sería: “Público ganado y vacuno”.

6.- Algo del error habría que rescatar. Siempre digo que no hay mensaje, pero en ese deseo de adoctrinamiento escolar del “mensaje”, al menos el reflejo podría ser un insumo  futuro.

7.- Claro, dramaturgia incluye en su morfología la mirada del drama como género. Las dinámicas de consumo de arte y la penosa situación de no sabernos parte del fantasma nacional, más aún cuando lo que tenemos en escena tiene muy poco foco sobre el ser nacional. O lo que es peor, nos hemos aproximado a ese ser asociándolo a la victimización antes que a su dimensión heroica. El drama está más cerca de la idea trágica que de la cómica.

8.- Te repregunto cuántos discos al mes compras. Cuántas entradas al cine. Cuánto pagas por los contenidos académicos que  consumes semanalmente. Te dará cuenta que más de la mitad de series y películas que ves no te cuestan directamente. Notarás cuán incorporado tenemos el código de intercambio actual – contemporáneo, pero que no logramos comprenderlo para rediseñar nuestro propio sistema de comercialzación.

9.- No creo que se deba a que como país nos tomemos tan en serio, sino más bien a esa necesidad de afirmación y validación que opera en nuestro oficio (las escuelas y su esquizofrénco selfie de la profesionalización por decir algo) las que han llevado a la reducción barbárica de señalar lo extraño, como cómico, surreal o absurdo (aún hoy los maestros asocian toda búsqueda actual al boicot del sentido único con ese concepto del que el mismo Beckett dudaba).

*Fotografía de referencia: cine Payret. La Habana.
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